Marisol Escobar, un tótem del Pop Art

El pasado sábado 30 de abril falleció, a los 85 años de edad, en la ciudad de Nueva York, la artista Marisol Escobar, reconocida por sus trabajos en madera y considerada una de las precursoras del arte pop en Estados Unidos

María Sol Escobar, mejor conocida como Marisol Escobar, nació en París, el 22 de mayo de 1930. Sus padres fueron venezolanos, por lo que ancló gran parte de sus afectos en este país. Estudió arte desde muy joven.

A los 16 años, viviendo en la ciudad de Los Ángeles, asistió al Otis Art Institute y al Jepson Art Institute. Tuvo como profesor al artista Howard Warshaw. Posteriormente se mudó a Francia para estudiar en la Ecole des Beaux Arts de París.

Regresó a Estados Unidos en 1950, esta vez a Nueva York, para ser estudiante del pintor Yasuo Kuniyoshi en el Art Students League. Durante los siguientes cuatro años, realizó cursos en el New School for Social Research, para luego aprender del expresionista abstracto Hans Hofmann.

Durante esos años de estudio, Marisol se consolidó como una expresionista abstracta, pero en 1954 se entregó totalmente a la escultura folclórica precolombina. En 1958 realizó su primera exposición en la Galería de Leo Castelli en Manhattan. En su blog, la artista escribió: “Mi arte está inspirado en creencias, en milagros, en la intercesión y el conocimiento de un aspecto espiritual de la vida”.

En la década de los años 60 hizo una serie de exhibiciones exitosas, entre las que destaca la organizada por el MoMA, en la que tuvo la oportunidad de exponer su trabajo junto a artistas como Marcel Duchamp y Pablo Picasso.

Con el paso del tiempo, Escobar maduró artísticamente hablando. Comenzó a moldear su propio cuerpo en las esculturas que realizaba, lo que les dio un toque único y característico a cada uno de sus trabajos. Además, incluía en sus piezas rostros de amigos, celebridades y líderes mundiales, para criticar el consumo cultural de entonces. Su diversidad, su ojo único y su carácter la distinguieron.

“Yo no pertenezco a ninguna parte. Mi único territorio es mi taller”, decía la artista cuando se le preguntaban las razones por las que incluía su rostro, cuerpo, manos y pies en el tallado en madera.

Escobar se convirtió en la única mujer referente del auge del Pop Art. Junto con los de Roy Lichtenstein y Andy Warhol, quien la incluyó en dos de sus películas,  El beso y Trece hermosas jóvenes, sus trabajos fueron los más admirados del momento. Sus obras conjugaban diferentes materiales como la madera, la pintura y la fotografía. Sus esculturas resumen su vida y su tiempo.

En un ensayo inédito, la investigadora María Luz Cárdenas dijo: “La obra de Marisol hiere, gusta, estremece por la profundidad a la hora de representar las referencias visuales e iconográficas acerca de nuestras vidas. Ella habló al mundo sobre los placeres y dolores que vivimos día por día; y lo hizo con un idioma depurado, violento y elegante”.

En 1996, el Museo de Arte de Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber reunió en sus salas las obras de la artista, tanto de colecciones públicas como privadas del país. Sus esculturas también llegaron a espacios públicos de la ciudad, como Caño Amarillo.

El silencio fue una parte importante de su obra y vida. Marisol hablaba solo lo estrictamente necesario, por ello se dice que en sus obras brindan tranquilidad. Pocas veces se refirió a su exitosa carrera, que en una oportunidad simplificó diciendo: “Siempre he sido afortunada. A la gente le agradan mis obras”.

Powered by tekkoa.com