Despiden a Umberto Eco en Milán

SPETT.UMBERTO ECO A NAPOLI
(SUD FOTO SERGIO SIANO)

Este martes miles de personas dieron su último adiós al escritor y filósofo italiano, Umberto Eco, quien falleció el pasado viernes 19 de febrero. El austero y laico funeral tuvo lugar en el Castillo Sforzesco, ubicado en Milán.

A pesar de que la mayoría no pudo ingresar a la ceremonia, los seguidores del autor del libro En nombre de la rosa se acercaron este martes al Castillo Sforzesco para despedirse del semiólogo, que murió en Italia, a los 84 años de edad. Tal como deseaba el autor, fue un funeral sencillo, en el que solo estuvieron presentes las personas más allegadas a él. No se instaló una tarima, ni mucho menos pantallas para que aquellos que esperaban afuera pudieran seguir el evento. La música barroca, la favorita de Eco, dio inicio al último adiós.

Las palabras del nieto del maestro, Emmanuelle, conmovieron a los asistentes, mientras que las del actor Moni Ovadia generaron risas. Estuvieron presentes Mario Andreose, amigo íntimo del escritor; Francesco Umbertini, rector de la Universidad de Bolonia; Roberto Benigni; el ministro italiano de Bienes y Actividad Cultural, Dario Franceschini; la ministra de Instrucción e Investigación, Stefania Giannini; los alcaldes de Milán, Turín, Alessandria, Monte Cerignone y San Leo, además de decenas de editores extranjeros, traductores y estudiantes. El féretro de Eco fue cargado en hombros y recibió múltiples aplausos a su paso.

Umberto Eco nació en Alessandría, Italia, el 5 de enero de 1932. Fue hijo de comerciantes y creció con educación salesiana. Recibió el título de doctor en filosofía y letras en la Universidad de Turín en 1954, con un trabajo que publicó dos años más tarde con el título El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956).

Fue profesor de las universidades de Turín y de Florencia. Publicó importantes estudios de semiótica como Obra abierta (1962) y La estructura ausente (1968). Desde 1971 ocupó la cátedra de semiótica en la Universidad de Bolonia. En febrero de 2001 creó en esa ciudad la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, iniciativa académica destinada a difundir la cultura universal entre los licenciados de alto nivel.

Cofundó en 1969 la Asociación Internacional de Semiótica, de la cual era secretario. En 1980 se consagró como narrador con El nombre de la rosa, libro que vendió 50 millones de copias y motivó a muchos a iniciarse en la lectura. Algunas de sus más conocidas novelas son: El péndulo de Foucault, La isla del día de antes, Baudolino, La misteriosa llama de la Reina Loana y El cementerio de Praga. Escribió más de 50 ensayos sobre semiótica, lingüística, estética y moralidad que le hicieron acreedor de múltiples reconocimientos.

Algunas de sus frases más célebres han sido: “Los libros se respetan usándolos, no dejándolos en paz”, “El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee”, “Hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público”, “El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto”, “Los libros son esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera”, “Nada consuela más al novelista que descubrir lecturas que no se le habían ocurrido y que los lectores le sugieren”, “Nada es más nocivo para la creatividad que el furor de la inspiración”, “El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?”.

Powered by tekkoa.com