Apuntes sobre una exposición efímera. Por Antonello Tolve

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En el Centro Cultural Chacao, un espacio maravilloso que (desde 1993) elabora proyectos sobre las tradiciones venezolanas, sobre las expresiones artísticas emergentes y – convencidos de que el verdadero poder sea el saber – sobre la promoción de la cultura, una exposición de Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923 – vive y trabaja desde hace años en París), curada del Taller Articruz Panamá, invita a reflexionar sobre la temporalidad de la exposición, sobre la obra de arte y su reproducibilidad. “Efímeras”, éste es el título que sirve de guía a la muestra, es un itinerario cinético ligado no solo a un particular aspecto de la investigación de Cruz-Diez, aquel sobre la búsqueda bidimensional (donde lo estático se hace dinámico y lo dinámico se hace estático) que lo ocupa desde 1959, sino también a una meditación sobre el retorno del aura, sobre el ‘hic et nunc’, sobre la obra como unicidad.

Utilizando materiales altamente reproducibles y fácilmente instalables (la exposición entera ha sido enviada, trámite correo electrónico y será destruida al fin del período expositivo), el artista pone en jaque mate el concepto de reproducibilidad creando una accesibilidad única exclusivamente yendo al lugar expositivo durante la duración,  al que se añade el movimiento óptico de cada obra en la pared, para enunciar el ciclo vital: «he estructurado una muestra de obras efímeras, con el propósito de resaltar el hecho temporal que significa realizar una exposición».

Con la “Experiencia Cromática Aleatoria Interactiva” Cruz-Diez ya subraya la importancia de las nuevas tecnologías en el propio proyecto artístico (desde su Fundación es posible descargar una aplicación que invita a manipular «las figuras y las líneas de color y observar cómo se revelan nuevos colores ausentes del soporte»: www.cruz-diezfoundation.org/es/actividades/actividades-editoriales/cruz-diez-app-es.html), la relación de participación entre su obra y el público, entre la propia vivencia creativa y la trama del mundo. Hoy, para el Centro Cultural Chacao, el artista realiza un proyecto que se pierde en el flujo de lo cotidiano, que demuestra su fragilidad temporal – la obra de arte ya no es más eterna, inmutable – que continúa viviendo solo virtualmente, mediante otros formatos tecnológicos como las redes sociales.

En la segunda planta, después de un viaje a través de las maravillas cromáticas de Cruz-Diez, acoge al espectador “Color en tres”, exposición curada por Susana Benko, que presenta el trabajo de Elizabeth Cemborain, Marylee Coll y Lourdes Peñaranda: una colectiva cromáticamente crujiente y sabrosamente picante, donde es posible percibir el diálogo con la atmósfera cinética que exhala y bucea entre reflexiones que abordan las horas, los días, los meses, los años de una sociedad y de un mundo en constante evolución.

Publicado originalmente en Artshake, el 28 de junio de 2016. Traducción de Patricia Hambrona

Texto original en italiano

Appunti su una mostra efímeras

Scritto da Antonello Tolve per Artshake |  28 giugno 2016

Al Centro Cultura Chacao, uno spazio meraviglioso che (dal 1993) elabora progetti sulle tradiciones venezolanas, sulle espressioni artistiche emergenti e – convinti che il vero potere sia il sapere – sulla promozione della cultura, una mostra di Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923 – vive e lavora da anni a Parigi), curata da Taller Articruz Panamá, invita a riflettere sul tempo delle mostre, sulle opere e sulla loro riproducibilità. Efímeras, questo il titolo che va da viatico alla mostra, è un percorso cinetico legato non solo ad un particolare aspetto della ricerca di Cruz-Diez, quello sulla ricerca bidimensionale (dove lo statico che si fa dinamico e il dinamico che si fa statico) che lo vede impegnato sin dal 1959, ma anche ad una meditazione sul ritorno dell’aura, sull’hic et nunc, sull’opera in quanto unicità.

Utilizzando materiali altamente riproducibili e facilmente installabili (l’intera mostra è stata inviata, tra l’altro, attraverso posta elettronica e sarà distrutta allo scadere della durata espositiva), l’artista mette sotto scacco il concetto di riproducibilità creando un unico fruibile esclusivamente andando nel luogo espositivo dove è la durata, addizionata al movimento ottico che produce ogni singola opera a parete, a scandirne la ciclicità vitale: «he estructurado una muestra de obras efímeras, con le propósito de resaltar el hecho temporal que significa realizar una exposición».

Già con l’Experiencia Cromática Aleatoria Interactiva Cruz-Diez sottolinea l’importanza delle nuove tecnologie nel proprio progetto artistico (dalla sua Fondazione è scaricabile una applicazione che invita a manipolare «las figuras y las líneas de color y observe como se revelan nuevos colores ausentes del soporte»: cruz-diezfoundation.org/es/actividades/actividades-editoriales/cruz-diez-app-es.html), il rapporto di partecipazione tra la sua opera e il pubblico, tra il proprio vissuto creativo e le trame del mondo. Oggi, per il Centro Cultura Chacao, l’artista realizza un progetto che si perde nei flussi del quotidiano, che mostra la sua fragilità temporale – l’opera non è più eterna, immutabile – e continua a vivere soltanto nel virtuale, mediante altre forme tecnologiche come i social.

Al secondo piano, dopo un viaggio tra le meraviglie cromatiche di Cruz-Diez, lo spettatore è accolto da Color en tres, esposizione a cura di Susana Benko, che propone il lavoro di Elizabeth Cemborain, Marylee Coll e Lourdes Peñaranda: una collettiva cromaticamente croccante e gustosamente pungente, dove è possibile percepire il dialogo con l’atmosfera cinetica che esala e immergersi tra riflessioni che toccano le ore, i giorni, i mesi, gli anni di una società e di un mondo in divenire.

 

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