Entrevista al corresponsal español Ángel Sastre

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Dos pulseras de cuero estilo vikingas procedentes de Argentina, un anillo de plata en su mano derecha oriundo de Bogotá y un pañuelo palestino obsequiado en un campamento de las FARC, forman parte de los amuletos que lleva consigo el corresponsal de guerra Ángel Sastre, al momento de cubrir un escenario en conflicto. Una navaja multiusos, chaleco, casco, cámara, trípode, micrófono y computador, completan el equipo del español, quien visitó el Centro Cultural Chacao recientemente. “Porque más allá de ser corresponsales de guerra somos corresponsales de aventura”, expone.

El joven periodista ganador del Premio Larra 2010 a la mejor trayectoria profesional para reporteros jóvenes de la Asociación de la Prensa en España, los premios HOY de Extremadura, el NHIPO a la trayectoria periodística y el Francisco Valdés, saltó a la palestra pública tras su secuestro en Siria en julio de 2015, por el Frente Al-Nusra, ex filial de Al Qaeda, que lo mantuvo cautivo por 10 meses.

Durante esta tortuosa experiencia, uno de sus captores le recomendó que si volvía con vida a España, buscara otro trabajo. No obstante, Sastre decidió hacer caso omiso porque, “era un secuestrador quien me estaba dando el consejo”. Y confiesa: “Yo no sé hacer otra cosa. ¡No podría dedicarme a nada más!”. Este episodio que ha dejado una cicatriz en su vida, más allá de alejarlo de la profesión, le ha permitido seguir honrándola, para dar a conocer las calamidades que vive la población civil en zonas de catástrofe, conflicto o guerra.

Pero el del secuestro no ha sido su único duelo con la muerte. Figura el vivido a bordo de la Bestia en México, el tren que transporta a miles de migrantes y refugiados centroamericanos que sueñan con llegar a Estados Unidos. ¡Te voy a arrancar la cabeza con una honda! fue la amenaza que le hicieron. “Sentí tanto miedo que tuve que saltar del tren en movimiento en una de las estaciones, porque en otro vagón habían unos mareros de la Salvatrucha (pandilla centroamericana que azota a la región), que comenzaron a decirme qu en la estación de reforma me iban a cortar el cuello. Ese viaje lo realicé solo, a pesar de saber que allí roban, violan y matan (…) Una de las recomendaciones en estos casos es que debes saber canalizar y conducir el miedo a aquello que te aporta protección, sin que te paralice a la hora de realizar tu trabajo”, relata.

Gracias a la Embajada de España, Ángel Sastre encabezó un foro en el Centro Cultural Chacao, ocasión que sirvió para desarrollar algunos aspectos de su labor en países de Iberoamérica, Medio Oriente y Sureste Asiático.

– Desde tu perspectiva ¿Cómo se puede ejercer el periodismo en zonas de conflicto en el siglo XXI sin caer en el sensacionalismo? ¿Cuáles serían algunos tips para las nuevas generaciones?

– El reto no es el sensacionalismo. El reto es volver para contarlo y rentabilizarlo, incluso más que la seguridad personal. Hay cosas que son fuertes y necesitan publicarse para que la gente se impacte y entienda que esto no es Disney; es una guerra. En casos como ese podría pensarse que el protagonista es el periodista, pero no es así. El protagonista es la población civil que sufre a raíz de estos escenarios. Por ello, hay que volver a la calle y vivir de cerca las cosas, sin importar si te llevará un poquito más de tiempo. No se puede hacer todo desde las redacciones y menos confiarle todo al internet.

– ¿Cómo maneja Ángel Sastre la fina línea entre la subjetividad y la objetividad en medio de un escenario de conflicto?

– Yo soy subjetivo. Aunque también puedo ser objetivo. Y mi objetividad pasa no sólo por denunciar a una parte, sino a las dos. En Siria, por ejemplo, hay un gobierno que bombardea a su pueblo y hay unos rebeldes que secuestran; a ambos voy a criticarlos. No voy a tener palabras dulces con ellos. Voy a ser duro por igual.

– ¿Se ha convertido la tecnología en aliada o en arma de doble filo para el periodista? ¿Por qué?

– En un arma de doble filo. No me canso de decir que la inmediatez no lo es todo, hay que profundizar. No cualquiera que dispare una cámara, abra un blog y maneje redes sociales es periodista o fotógrafo. De hecho, el periodismo ciudadano no existe, la denuncia ciudadana sí. Los medios muchas veces quieren tener material gratis sin pagar ni mover un solo dedo (…) Por eso hay que formarse académicamente, documentarse, profundizar y contrastar los detalles.

– En muchas oportunidades has reiterado que el “periodista freelance” es uno de los profesionales peor pagados en el mundo ¿Existen maneras de dignificar esta profesión?

– Aunque no tengo las respuestas para eso, considero que hay que reinventar el modelo, especialmente para las nuevas generaciones –quienes la tienen más difícil–, deshacernos de los medios tradicionales y crear plataformas paralelas de calidad y que la gente pague por ello. Llegará el momento en que la gente no verá informativos ni comprará diarios, pero sí tendrá otras herramientas que serán aprovechadas por periodistas (…) La radio si sobrevivirá un poco.

A sus 36 años, Ángel Sastre, ha convivido con la Tropa de Élite en las favelas brasileñas, con las FARC en la selva colombiana y con los Kaibiles de Guatemala. Ha realizado reportajes en los basureros de Managua, denunciado la prostitución infantil en Iquitos, la minería ilegal en el desierto de Atacama y la trata de blancas en las villas miseria de Argentina. Irak, Siria, Ucrania y Palestina, se suman a la lista de países recorridos.

Su objetivo sigue siendo el mismo: denunciar las irregularidades existentes en los países en guerra y su incidencia en la población civil. Y como para cada acción hay siempre una reacción, Ángel Sastre ha tenido que afrontar el éxito, entre la algarabía y las pesadillas, la adrenalina y la ansiedad, el sabor amargo de la muerte y la satisfacción de haber cumplido con su trabajo.

Muchas han sido las lecciones aprendidas. Valorar la vida es una de ellas. Ponerse en los zapatos del otro, es otra. “Aunque muchos pudieran pensar que hago mi trabajo disfrutando con el dolor ajeno, no es así. Yo disfruto cuando lo veo publicado, porque siento que he cumplido con mi deber. Yo lloro cuando entrevisto gente, pero luego me recupero y vuelvo, porque el trabajo me alivia”, expresa.

De esta manera, queda evidenciado el honor que hace el periodista español a esa frase de Enrique Meneses que señala que “los reporteros de guerra estamos un poco locos, pero tenemos la sensibilidad a flor de piel”. Hoy solo espera que tanto las familias como los gobiernos, preparen a los niños con educación, cultura y alegría, para que no cometan los errores que se viven a diario en los diversos escenarios de guerra y conflicto en el mundo.

Prensa CCCH- Joselina Rodríguez

Foto: Harold Nieles

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